Androi de 17
¿Qué es la desgracia? La raza humana. Hace trescientos mil años, antes de los números, antes de las palabras, algún homo sapiens estrenó el lenguaje y nos desgració a pertenecer al grupo de los humanos modernos. Señalando una pared de piedra, advirtiendo de las amenazas del fuego o de su refugio, también. La raza humana se inicia con el lenguaje y desde entonces no paramos de pensar. Registramos la historia, hipotetizamos el futuro, ignoramos el presente. Rara vez los modernos desglosamos el aquí y el ahora. Eso implica desarmar y repetir un concepto hasta desnaturalizarlo: ¿qué es la desgracia? ¿Desgracia? ¿Desgracias? ¿Des gracias? Des gracia. Des, gracia. Des gracias. Dar gracias. Gracias. La desgracia no puede existir si no existe la dicha. La dicha no puede existir sin la desgracia. ¿Qué es la desgracia? La desgracia ha sido un engranaje en el motor de la historia, así como la dicha, los abrazos y las lágrimas. Existe desde que podemos registrar conciencia; no la elegimos, no nos eligió, simplemente está ahí, sucediendo. Nos acompaña y sabemos convivir con ella; no me refiero como personas, sino como raza humana. Desde el inicio de los tiempos, las guerras, la religión, los sistemas económicos nos han provisto de no pocas desgracias; tanta inteligencia mal aplicada. Entonces uno se pregunta, si es que se puede parar y desnaturalizar la historia, uno se pregunta… ¿por qué seguimos existiendo? ¿Por qué la historia continúa, por qué, pese a todo, el motor de la historia de la humanidad no se detiene? No soy un sindicalista de ningún dios como para poder dar mansa respuesta; sin embargo, pensando y repensando, como repetitivo homo sapiens que soy, entendí que la desgracia existe porque existe la gracia, la alegría, la felicidad que todo lo vale; la misma que no valdría ni existiría si la desgracia no estuviera para compararla. ¿El 17, la desgracia, sería una desgracia si con ese número ganamos la lotería? ¿Qué es ganar? ¿Qué es la lotería? Todo es una gran rueda que gira, como decía John Lennon. Es como si las ruedas fueran un yin-yang: nunca paran, nunca es blanco ni negro. Una vez hice el ejercicio de pensar qué es lo que quisiera si ganase la lotería, y realmente lo que deseé no tiene precio: amistad, amor, risas, disfrute. El precio de la desgracia no tiene comparación; desgracia es no tener gente que te potencie, que te sostenga, que te acompañe. Dar gracias es todo lo contrario: gracias por acompañar, por sostener y por potenciar. Poder agradecer es no ser un desgraciado, pese a todo y pese a nada, ante todo. Entonces el lenguaje, nuestra arma que nos organiza como humanidad desde hace trescientosmil de años, es para que dé gracia, porque desgracias va a haber, pero la vida no se trata de eso, sino de qué hacemos frente a eso. Y para hacer eso no estamos solos: estamos llenos de gracia. Así que aprovecho esta gracia del lenguaje para darte las gracias, sobre todo, por tu amistad.



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